El acné constituye una de las primeras causas de consultas dermatológicas. Existen creencias erróneas respecto a sus causas o factores agravantes (mal de sangre, mal del hígado, falta de deporte, actividad sexual, dieta, etc). Las investigaciones nos han permitido identificar algunos factores agravantes susceptibles de poder ser controlados o modificados: cremas cosméticas (incluida la famosa concha de nácar), jabones inadecuados (germicidas, exfoliantes, de ropa, de pepa y oleosos), estrés, pesticidas, aceites minerales, hidrocarburos y fármacos (andrógenos, corticoides, litio, vitamina del complejo B (1, 6 y 12), algunos antiepilépticos y antibióticos como la isoniacida. La luz solar ocasiona aumento en el número de comedones (espinillas), acentuación de las manchas y cicatrices.
El problema del acné radica en las glándulas sebáceas; formaciones muy pequeñas que producen una sustancia untuosa con propiedades humectantes y antibióticas llamada sebo. En condiciones normales existe un equilibrio entre la producción de sebo y la descamación de células cutáneas ubicadas en la apertura de la glándula sebácea hacia el pelo. En el acné dicho equilibrio se rompe pues existe una estimulación anormal desencadenada por los andrógenos ocasionando: un exceso en la producción sebácea, disminución de la descamación y aumento en el número de células que revisten la apertura sebácea mencionada; esta situación conduce a la formación del comedón. El comedón es colonizado por una bacteria llamada Propionibacterium acnes, lo cual desencadena inflamación que según la severidad se manifiesta por lesiones cutáneas diversas.
Existe múltiples tratamientos para el acné, algunos más efectivos que otros. El defecto de la mayoría de tratamientos radica en que no actúan en el exceso de producción sebácea, que como vimos es el inicio del problema. Sólo dos grupos de medicamentos consiguen disminuir la producción sebácea: hormonas (de modo parcial) e isotretinoína (en mayor grado); pero es la isotretinoína la que tiene mayor efecto terapéutico pues es el único medicamento que actúa en los cuatro mecanismos del acné: aumento de sebo cutáneo, formación de espinillas, proliferación de la bacteria P. acnes e inflamación.
Inicialmente se usó isotretinoína sólo para los casos severos; sin embargo hoy en día son cada vez mayores los estudios y experiencias en casos leves o moderados pues con ello conseguimos evitar secuelas futuras. Este fármaco posee algunos efectos colaterales: resequedad de piel y labios, dolores osteomusculares, exacerbación pasajera de las lesiones, visión nocturna alterada, etc. Estos efectos colaterales van relacionados con la dosis por lo que se sugiere controles dermatológicos periódicos y estrecha comunicación médico paciente. No se debe administrar a mujeres gestantes pues podría causar malformaciones, tampoco se debe gestar durante el tratamiento o hasta un mínimo de dos meses después de haber tomado la última dosis; esto es muy importante recalcar pues hemos visto mal información entre pacientes quienes creen que el fármaco causa esterilidad o entre médicos que piensan que el periodo en el cual no se debe gestar sería dos años.
La isotretinoína es un fármaco muy efectivo para tratar el acné, en manos experimentadas, con comunicación adecuada entre dermatólogo y paciente, brinda muy buenos resultados terapéuticos.